. Preocupación
Ariana se llevó ambas manos a la cabeza.
El sonido del noticiero seguía retumbando en la sala como un eco cruel, repitiendo imágenes que no podía ni quería procesar del todo: flashes, gritos, el rostro endurecido de Leonardo escoltando a Olivia, las palabras asesinato, escándalo, corrupción.
Su respiración se volvió irregular.
—No… —murmuró, más para sí misma que para alguien más—. No, no, no…tu no debes estar ahí, Leoanardo por favor.
No dudó ni un segundo más.
Giró sobre sus talones y salió de la mansión casi corriendo, ignorando la voz de Flor que intentó detenerla.
El aire frío de la mañana la golpeó en el rostro cuando cruzó el umbral, pero no fue suficiente para despejar la tormenta que llevaba dentro. Subió al auto con manos temblorosas, dio la dirección con voz firme y seca.
—A la estación de policía. Ahora.
El motor rugió y el vehículo arrancó sin demora.
Durante el trayecto, Ariana apretó el bolso contra su pecho. Las imágenes se mezclaban con recuerdos: Leo