El club quedó en silencio cuando William se fue.
No fue un silencio inmediato, sino uno que se filtró poco a poco, como si las paredes mismas se dieran cuenta de que algo se había roto. La puerta se cerró detrás de él con un sonido seco, definitivo. Sus pasos se alejaron por el pasillo exterior, cada uno clavándose en la mente de Emma como una burla.
Ella no se movió.
El sobre seguía sobre la barra, exactamente donde William lo había dejado. Parecía inofensivo. Un simple rectángulo de papel. Em