Mientras tanto, en la mansión presidencial el sonido del cubierto chocando contra la porcelana fue lo único que rompió el silencio del comedor presidencial.
Harry Velmon desayunaba con calma estudiada, traje impecable, el nudo de la corbata perfectamente ajustado aun a esa hora temprana.
Frente a él, Olivia sostenía una copa de vino tinto como si fueran las once de la noche y no las ocho de la mañana. Giraba lentamente la muñeca, observando el líquido con expresión distraída.
Harry arqueó una