Ariana exhaló mientras abría los ojos lentamente, suave, todavía con los labios rozando los de Leonardo, disfrutando del calor que él desprendía, del modo en que su presencia la envolvía sin esfuerzo.
Sus manos, casi sin pensarlo, descendieron por los costados de la cama y luego subieron lentamente hasta posarse sobre el pecho firme de él. Sus dedos trazaron líneas ligeras sobre la piel tibia, una caricia apenas perceptible, pero suficiente para que los ojos de Leonardo se abrieran de inmediat