Ariana se giró sin mirar atrás, el eco de sus tacones resuenan sobre el piso de la mansión presidencial. La rabia le hervía por dentro, una mezcla amarga de furia y humillación.
No podía creer la insolencia de Olivia, la osadía en sus palabras, el descaro en su sonrisa. Contuvo el temblor de sus manos al cerrar la puerta tras de sí y caminar hacia el auto oficial que la esperaba frente a la enorme puerta, el mismo auto que Leonardo había dispuesto para ella.
El chófer abrió la puerta con respe