Ariana se giró con un movimiento elegante, pero cargado de desdén. El sonido de sus tacones sobre el piso fue el único eco en la habitación por unos segundos.
Emma, sin embargo, no soportó la idea de que simplemente se marchara después de dejarla en ridículo. Con los ojos brillando de ira, avanzó y la tomó bruscamente del brazo.
—Será mejor que te largues antes de que te haga arrepentirte de haber vuelto —escupió Emma, apretando los dedos sobre su piel.
Ariana giró el rostro lentamente hacia ella, sus labios apenas curvándose en una sonrisa peligrosa.
—Suéltame —dijo en un tono tan bajo que helaba el aire—, o te juro que lo que te hice antier será solo una caricia comparado con lo que puedo hacerte ahora.
Emma abrió los ojos con sorpresa, retrocediendo apenas, pero Ariana no había terminado.
—Ah, y una cosa más —añadió con la voz cargada de veneno—. Para tu información, soy la hija de Pablo Santillan. Tú… solo eres una zorra con suerte.
Con un tirón firme, Ariana se liberó del agarre