Olivia quedó tirada sobre el pavimento frío, con la ropa arrugada, las rodillas raspadas y el mismo dolor humillante que nunca había conocido
.
La puerta del auto se cerró de golpe.
Las llantas se alejaron.
Leonardo no volteó.
Ni una sola vez.
Por primera vez, Olivia sintió que no tenía nada. Ni a quién manipular, ni mucho menos donde caer.
Se sentó lentamente en la acera, temblorosa, abrazándose los brazos. El viento de la noche le revolvía el cabello mientras un nudo de ira y lágrimas le cerr