Meses después
Pasaron los meses como una ráfaga que borraba ciudades, nombres y recuerdos.
El mundo cambió, pero para Ariana, todo se redujo a un solo latido: el de sus bebés.
El invierno había llegado con un silencio suave, casi compasivo. En la pequeña casa de campo donde vivía, el aroma a madera húmeda y té de manzanilla lo impregnaba todo. Ariana caminaba despacio por la sala, una mano en la espalda baja y la otra sobre el vientre pronunciado que se movía como si dos pequeñas vidas peleara