William hizo una seña breve con la mano y sus hombres se desplegaron de inmediato, rodeando la casa con precisión militar. No hubo palabras innecesarias; todos sabían qué hacer.
Dos se apostaron en la parte trasera, otros cubrieron los lados y uno más se quedó vigilando el camino por donde habían llegado. La noche era espesa, silenciosa, y apenas rota por el crujir de la grava bajo las botas.
Dentro de la casa, en la biblioteca apenas iluminada por una lámpara, Ethan deslizó los documentos sob