Los flashes estallaban con intensidad cuando Leonardo Moretti el presidente, cruzó la alfombra roja del salón principal del hotel más exclusivo de la ciudad. A su lado, Ariana Santillán descendía del automóvil negro con la elegancia de una reina, enfundada en un vestido de marfil que realzaba cada curva de su figura. Los periodistas se agolpaban alrededor.
Leonardo, impecable como siempre, le ofreció su brazo. Ariana lo tomó con cierta tensión; aún no se acostumbraba a ese papel que él le había