Leonardo levantó lentamente la mano que tenía apoyada en la pared y la deslizó hacia ella, rozando el aire que vibraba entre sus cuerpos.
Sus dedos encontraron la mejilla de Ariana con una delicadeza que contrastaba violentamente con el modo en que la había acorralado segundos antes.
Su pulgar acarició su piel húmeda, bajando con una lentitud casi tortuosa, recorriendo el borde de su mandíbula, resbalando hacia su cuello como si estuviera memorizando cada milímetro de ella.
Ariana tragó saliv