El tiempo pareció detenerse mientras Wiliam giraba con lentitud. Emma retrocedió, aterrada. William alzó las manos con una sonrisa cínica, aunque sus ojos brillaban con amenaza. Ariana, aún con el pulso acelerado, miró a Martín y por primera vez respiró con alivio.
Martín avanzó despacio, apuntando directo al pecho de William.
—Un solo movimiento en falso y te juro que no dudaré en disparar.
—Tranquilo, amigo —dijo William, levantando apenas una ceja—. Solo venía a saludar a una vieja conocida.
—Saluda desde lejos —replicó Martín.
William bajó lentamente las manos, sonriendo.
—Veo que tienes guardaespaldas, preciosa —dijo mirando a Ariana—. Pero dime, ¿cuánto tiempo crees que podrá protegerte?
Ariana respiró profundo, dio un paso adelante y lo miró con el mismo fuego que había mostrado ante Emma.
—El tiempo suficiente para que te largues de esta casa —dijo con voz baja, controlada.
William sonrió, divertido.
—Eso suena a orden.
—Y lo es —añadió Martín, empujando el cañón del arma un