El tiempo pareció detenerse mientras Wiliam giraba con lentitud. Emma retrocedió, aterrada. William alzó las manos con una sonrisa cínica, aunque sus ojos brillaban con amenaza. Ariana, aún con el pulso acelerado, miró a Martín y por primera vez respiró con alivio.
Martín avanzó despacio, apuntando directo al pecho de William.
—Un solo movimiento en falso y te juro que no dudaré en disparar.
—Tranquilo, amigo —dijo William, levantando apenas una ceja—. Solo venía a saludar a una vieja conocida