La luz roja de la alarma bañaba las paredes del pasillo como si la mansión entera estuviera desangrándose. Alexander bajaba las escaleras con la precisión de un cazador, el arma firme en su mano derecha y la mandíbula apretada. Lauren lo seguía a pocos pasos, ignorando su orden de quedarse atrás. No podía quedarse. El miedo a lo que Alexander pudiera encontrar en ese búnker era mayor que el miedo a una bala.
Llegaron a la planta baja, donde la puerta de acero reforzado de la habitación de segur