El frío de la celda 104 no era nada comparado con el hielo que comenzaba a formarse en el corazón de Lauren Moore. Tras recibir la nota de Rebecca, Lauren no probó bocado de la bandeja envenenada, pero el daño ya estaba hecho. El aislamiento era total. El mundo exterior, ese que Lauren había intentado conquistar con su talento y su astucia, se estaba desvaneciendo como el humo de la mansión Rosewood.
Beatriz, su protectora, regresó del patio con una expresión sombría. No dijo una palabra, pero