El eco de las puertas de acero al cerrarse fue el sonido definitivo que marcó el fin de la era de Lauren Moore como CEO. El lujo de la seda y el mármol de la Torre Rosewood fueron sustituidos por el hormigón frío y el olor a desinfectante industrial de la Prisión de Mujeres de Blackwood. Lauren, despojada de sus joyas y de su nombre, vestía ahora el tosco mono naranja que la igualaba a cualquier otra criminal. Sin embargo, ella sabía que no era una prisionera común. En sus ojos todavía ardía el