El ascensor de madera tallada se detuvo con un gemido metálico, abriendo sus puertas al aire gélido de la noche veneciana. Lauren salió apoyada en Alexander, sintiendo el calor de su sangre empapar la seda azul de su vestido. La revelación de que Alexander siempre supo la verdad sobre Elena no la alivió; por el contrario, la sumergió en una nueva capa de terror. Vivir con Alexander era habitar en una partida de ajedrez donde las piezas eran corazones humanos.
Mientras cruzaban el vestíbulo del