El segundero del reloj de pared en el centro de monitoreo de la Torre Rosewood parecía una guillotina descendiendo. Lauren, con las manos empapadas en un sudor gélido, observaba el punto rojo del convoy detenido frente al túnel. La voz sibilante de Rebecca aún resonaba en sus oídos como el eco de una maldición. Tenía solo unos minutos para evitar que su primer día como CEO se convirtiera en un genocidio.
—¡Cierren el perímetro de la autopista! ¡Ahora! —ordenó Lauren, su voz recuperando una auto