La Torre Rosewood no se sentía como un triunfo, sino como un mausoleo de cristal. Lauren caminaba por el pasillo del cuadragésimo piso, el sonido de sus tacones resonando contra el mármol negro con una autoridad que su corazón aún no reclamaba. El traje sastre que vestía, de un gris marengo implacable, era su armadura contra los cientos de ojos que la diseccionaban mientras pasaba. Para los empleados, ella era la "gemela del escándalo"; para el mercado, era el último suspiro de una dinastía en