Anya obligó al hombre a ir con ella, intentó llevarlo a su alcoba, pero Emerson fue hasta la suya.
Estaba demasiado ebrio. Anya siseó, no quería que hiciera ruido y despertara a Sienna, èl también siseó con una mueca burlona en el rostro.
Llegó a la cama, se quitó la camisa, se quitó los zapatos, y se recostó como si fuera un costal de papas, poca abajo.
Anya pudo ver su cicatriz aún enrojecida, la tocó, claro que no había más dolor físico, pero sí era un recordatorio de cuando Emerson tocó e