Johana estaba asustada, retrocedió un paso y sollozó, pensó que tenía todo, bajó control, quería pensar que así, era, sin saber que jugaba con fuego.
—¡Abby, no me acuses de algo que no es cierto! —gritó Johana como si fuera una perfecta víctima, pero no sabía que ya nadie le creería.
Los ojos de Abigail estaban cubiertos de lágrimas, no podía creerlo, ella era su amiga, ella la ayudó, y le hizo creer que era alguien buena. ¿Por qué ahora hacía eso? ¿Por qué sus enemigos primero fueron sus amig