Emerson se quedó perplejo.
—¿Quién es esa mujer?
—No lo sé… pero… ¡Es Abby! —exclamó Anya recordando su nombre.
Emerson abrió ojos enormes.
—¿Y qué hace trabajando para la fundación?
Anya se encogió de hombros.
—Ciento diez mil dólares —dijo Peter.
Denver no lo observó, tenìa los ojos puestos solo en ella, Abby le miraba con miedo, era como un pajarito a punto de escapar.
Pero, Denver no podía perderla, no quería tampoco.
—Trescientos mil dólares.
Los ojos de la fundadora se abrieron enormes, j