83° Sospecha.
El zumbido de los monitores llenaba la habitación, era un sonido constante. Monótono. Casi hipnótico.
Pero nadie allí estaba relajado.
Michael se encontraba de pie frente a la pared de pantallas, con los brazos cruzados y la mirada fija, como si pudiera obligar a las imágenes a hablarle.
Yo permanecía a un lado, en silencio.
Mauricio estaba detrás.
No decía nada.
Pero su presencia… pesaba.
— Retrocede — ordenó Michael.
El técnico obedeció de inmediato, moviendo la grabación unos minutos atrás