55° La celda.
Cuando Mauricio vio la expresión que atravesó mi rostro, se puso de pie y caminó hacia donde yo estaba. Acunó mi rostro en sus manos grandes y cálidas.
— Te dije, Astrid. Te dije que quería que te alejaras de todo esto porque ya no habría marcha atrás.
— ¿Es por Wilson William? — le pregunté — . ¿Es porque él me descubrió? ¿Por eso es que ya no puedo volver a retomar mi antigua vida?
Mauricio sonrió.
— Es al revés. Es William Wilson. Y sí, es por eso. Los Chubascos te descubrieron porque lo