47° El rescate.
El rescate.
Todo se convirtió en un tremendo caos en un solo instante. Los Chubascos se abalanzaron sobre mí para protegerme.
El hombre que había aparecido de repente parecía que no tenía ni un solo rastro de buenas intenciones, y de no ser por Carlos Grande y el cuchillo hubiera logrado cortarme.
Era evidente que aquel hombre era el que había contratado a los Chubascos, o en su defecto, que había intercedido entre el hombre que me quería muerta o secuestrada y ellos.
Pero todo fue demasiado de