Mundo ficciónIniciar sesiónUno de los accionistas minoritarios de la ferroviaria Montenegro, y también la única persona que ha sido amable conmigo, apareció de repente.
—Tranquila —dijo con voz firme—. Yo te voy a ayudar…
y cumplió su promesa, me acogió cuando más lo necesité, cuando lo había perdido todo, cuando comenzaron mis deseos de venganza.
— La venganza es mala — me había dicho una mañana, cuando ya era capaz de caminar nuevamente y las heridas de mis pies ya comenzaban a sanar —eso no te traerá paz.
— ¿Paz? ¿Crees que lo que necesito es paz? no la quiero, no me importa, venganza es lo que busco, y la encontraré con o sin tu ayuda…
me puse de pie para irme, pero la cálida mano del hombre se envolvió en mi muñeca.
— Podrías empezar con algo… eres buena investigando, ¿verdad? puedes estudiar, y cuándo tengas el conocimiento suficiente, puedes empezar por aqui — me tendió una fotografía, era del doctor que me había quitado a mi bebé — empieza desde abajo, todos pagarán, pero debes ser más inteligente, Astrid…
— ¿Y tú que ganas con ayudarme? — el hombre se lo pensó por un momento.
— Tengo mis motivos…
Cinco años después
Una densa columna de humo apareció ante la vista y las sirenas de los camiones de bomberos se oían cada vez más cerca en la distancia.
Observé desde el otro lado de la calle mientras el fuego devoraba el edificio.
Esa clínica secreta.
El lugar donde le quitaron la vida a mi hijo.
Mi primer objetivo de venganza.
Durante cinco años. Durante esos cinco años Raúl y yo planeamos mi venganza.
Con su ayuda, me gradué con dos títulos y fundé mi propia empresa de investigación privada.
El dinero y el estatus suficiente eran la base de todo.
Miré las llamas que iluminaban la noche, El mismo lugar donde mi hijo había muerto se convirtió en cenizas. Pero Brian…
Brian era el final. Quería que supiera que iba por él, quería que cada noche se preguntara cuándo llegaría el momento.
Bajé el ala de mi sombrero negro, me di la vuelta y desaparecí entre la multitud.
Dentro de un apartamento de alto standing en los suburbios.
Pegué una fotografía en el tablero frente a mí.
—Es lo que necesitas —dijo Raúl al otro lado del teléfono—. El padre de Brian regresa a la empresa… y encontré algo interesante en los estatutos.
Entrecerré los ojos.
—¿Qué cosa?
—La persona que lidere la empresa debe estar casada —Observé la fotografía frente a mí.
—¿Estás seguro de que él lo necesitará?
—Completamente. De hecho… tu exsuegro está buscando una actriz que se haga pasar por su esposa —Raúl dudó un momento antes de hablar —Astrid… ¿estás segura de que esta es la mejor venganza contra Brian?
Sonreí.
—No —Tomé un marcador rojo —No es la mejor —Dibujé un círculo alrededor del rostro del hombre en la fotografía. Mauricio Montenegro, el padre de Brian —Es la más complicada —La sonrisa se ensanchó en mis labios —Pero será la más satisfactoria.
—Ten cuidado —dijo Raúl—. El contrato que redacté puede someter a tu exsuegro… pero también puede atraparte a ti.
—Lo sé.
Colgué la llamada y miré de nuevo la fotografía, Un hombre mayor: Cabello oscuro con canas, atractivo, poderoso, perfecto.
Toqué la imagen con el marcador rojo.
—Ya eres mío.







