135° Entre cenizas y latidos.
Desperté como si estuviera saliendo de un pozo.
No fue inmediato. No fue claro. Fue lento, pesado, como si mi cuerpo estuviera atrapado entre dos mundos y no supiera en cuál quedarse. Primero llegó el sonido: un zumbido constante, agudo, que me atravesaba la cabeza. Luego el dolor. Un dolor seco, concentrado, que parecía latir justo detrás de los ojos.
Abrí los párpados apenas.
Todo era borroso.
Luz.
Sombras.
Humo.
El aire sabía a metal y ceniza.
Parpadeé otra vez, intentando enfocar, y poco a