12° La serpiente carmesí.
Mauricio observó mi rostro sonriente y clavó sus ojos en los míos. Sostuvo su mirada sobre mi cuerpo por un largo minuto y mi garganta se secó.
—Parece que te salen bien las cosas —murmuró.
Y yo asentí, guardando el teléfono entre los pliegues del vestido. Lo último que quería en ese momento era tener que enfrentarme a la fiesta, pero ya no tenía más opción. Me recosté pesadamente en el respaldo del auto mientras se deslizaba por las calles.
—Sí —murmuré.
—¿Vas a decirme algún día qué es lo qu