125° Lo que elijo.
La puerta no se cerró después de que Mauricio entró.
Se quedó abierta, como si el aire mismo dudara en moverse dentro de la habitación.
Yo seguía sentada en el borde de la cama, con las manos aún atrapadas entre las de Raúl, que seguía arrodillado frente a mí. Pero ahora ya no estaba mirándome. Ahora miraba a Mauricio.
Y Mauricio lo miraba a él.
No necesitaba decir nada para que se sintiera el cambio en la atmósfera. Era como si toda la habitación se hubiera vuelto más pesada, más densa, como s