El día siguiente amaneció con un cielo despejado y una brisa suave que entraba por los ventanales de la habitación. Me vestí con calma, eligiendo un vestido sencillo de tonos claros. Quería que todo pareciera natural, como si realmente solo se tratara de una salida familiar más. Diana estaba emocionada. Daba saltitos alrededor de mí mientras me ayudaba a elegir unos pendientes, sin dejar de hablar del helado que pensaba pedir. Yo le sonreía, aunque por dentro, algo se revolvía con inquietud.
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