No había pasado mucho tiempo desde que me senté en el borde de la cama, aún con el corazón latiendo fuerte por la adrenalina, cuando escuché el crujido suave de la puerta abrirse. Me puse de pie de inmediato, como si pudiera ocultar el caos de pensamientos que llevaba dentro solo al enderezar la espalda.
Axel entró con paso firme. Al verme ahí, en la habitación, frunció el ceño como si algo no encajara en su mente.
—Amor… —dijo, acercándose con calma—. ¿Qué haces aquí? Pensé que estarías con Di