El aire afuera era más frío de lo que recordaba. O tal vez era él. Günter caminó a mi lado con las manos en los bolsillos del abrigo, en silencio al principio. Yo no dije nada. No se lo iba a facilitar.
—No te imaginaba aquí —dijo finalmente, mirando hacia la calle como si le hablara al tráfico, no a mí.
—No me imaginabas en Boston, en una cafetería o con alguien más que tú.
Giró la cabeza para mirarme. No le gustó el tono. Bien.
—No estoy buscando discutir, Olivia.
—¿Y qué estás buscando?
—Ver