Me aferré a Cassian en aquel abrazo, el teléfono aún en mi mano, las lágrimas rodando silenciosas.
—Mi madre… —empecé, sin poder articular más—. No lo tomó bien.
Cassian apretó mis hombros con suavidad, sus dedos rozando mi piel como si quisiera transmitir calma.
—¿Qué dijo?
—Que estoy loca, que destruí mi vida, que no merezco casarme contigo… —mi voz se quebró—. Que no me va a felicitar ni apoyar.
Él me levantó el rostro con cuidado para que lo mirara.
—Olivia, ella tiene miedo. No sabe cómo m