Salí de la reunión con Juliette con la cabeza un poco más despejada. Necesitaba respirar, tomar algo de café… y hablar con alguien que no analizara cada palabra como si fuera parte de un informe de impacto.
Busqué con la mirada a Alex en el área común y lo encontré justo frente a la máquina de espresso, como si lo hubiera manifestado. Estaba con el nudo de la corbata medio deshecho, cara de lunes y el vaso de cartón a medio llenar.
—¿Tienes cinco minutos? —pregunté, acercándome.
—¿Cinco minutos