El miércoles amaneció con el cielo completamente despejado, pero no fue un presagio de nada. En la oficina, el clima era otro: presión, correos urgentes, análisis de último minuto. Danvers esperaba nuestra propuesta revisada antes del mediodía y todo el equipo estaba al límite.
Yo había llegado temprano, como siempre, con mi café en mano y la cabeza llena de cifras. Revisé una y otra vez los escenarios del modelo operativo que habíamos trabajado el día anterior. Juliette me pidió que preparara