La mañana en España amaneció con una luz dorada que atravesaba los ventanales de la villa como una promesa silenciosa.
El comedor principal estaba dispuesto con precisión impecable. La mesa alargada de madera oscura brillaba bajo la luz natural; porcelana fina, cubiertos alineados con exactitud milimétrica, café recién servido cuyo aroma flotaba suavemente en el aire.
El ambiente era armonioso.
Demasiado armonioso.
Jeremy ya estaba sentado en el centro de la mesa cuando Margrot entró.
No era ha