Mia ingreso en el calabozo, y rápido se arrepintió, no solo por el olor nauseabundo que allí había, su arrepentimiento llego cuando alguien la sujeto del cuello y coloco una daga en su mejilla.
— No. – musito al reconocer la mirada desquiciada del hombre frente a ella, pues de Mirko solo eso se podía distinguir, su rostro, cabello y cuerpo, todo era distinto a lo que Mia recordaba, pero su mirada cargada de odio y asco estaba allí, viéndola casi sin pestañar.
— Mia. — susurro tan cerca de su ro