Mía miro atrás mientras corría a la villa, estaba sola, lo sabía, lo que no podía saber, era lo que el destino le tenía preparado, entonces, solo vio cómo sus hijos desaparecían en la espesura del bosque, rezando de que llegara con bien al templo, sabía que era la única forma de protegerlos, ya que su vestido rojo era demasiado llamativo y la hacía un blanco fácil para los atacantes y aun así sintió un nudo en la garganta al pensar en el sacrificio que estaba haciendo, pero sabía que era necesa