Manolo llevaba siete años en las tierras del tigre blanco, siente años en los cuales había reparado en las diferencias que había de su cultura a la que manejaban esos orientales, y no había tardado mucho en comprender que no porque fuese costumbre, o que se le inculcara desde pequeño algo, él debía solo obedecer, fueron siete años, en los que trato de perdonarse, y en los cuales no logro hacerlo, aquel día, sus pasos tranquilos, producto no solo de los años, también de la belleza que lo rodeaba