Mia ingreso al gran baño, sus mejillas estaban rojas, por solo haber caminado desnuda hasta allí, y la razón era porque estaba “arrastrando” a Takashi.
— Bien conejito, ¿Qué es lo que piensas hacer? — pregunto con burla el mayor, creyendo que Mia no se animaría.
— Voy a lavarte. — respondió con resolución y Takashi dejo salir el aire de forma teatral.
— Dioses Mia, nunca cambies. – pidió antes de besarla con hambre, como si no fuese capaz de saciarse de su esposa.
— Takashi, deja de distraerme.