Harú ordeno a las manitas preparar su alcoba, como si fuese su aniversario, y las mujeres obedecieron sin chistar, cerraron la habitación, oscureciéndola casi al completo, para luego cubrir a su señora, que se había recostado en la mesa de cedro que había en su habitación y que era de su tamaño.
— Ya llegué cariño. — canturrio Richard apenas y atravesó el umbral de su hogar. — ¿Cómo te fue en el medico? — consulto buscando a su esposa con la mirada y extrañándose que las manitas no estuvieran a