La luz de la luna se filtraba a través de las cortinas, bañando la habitación con un resplandor plateado y suave, como si la noche tejiera un manto de intimidad y serenidad para los recién casados, la brisa nocturna era la encargada de susurrar dulces canciones, acentuando el romanticismo del momento y Takashi estaba seguro de que eso era una señal de los espíritus del bosque, porque nunca había visto un anoche tan armoniosa, como tampoco había sentido lo que Mia le hacía sentir.
Los rostros de