La habitación se encontraba envuelta en una calma distinta, una que no era absoluta, pero sí lo suficientemente profunda como para permitir que las emociones respiraran sin desbordarse. El sonido constante del monitor cardíaco de Abigail marcaba el ritmo de aquel instante, un pulso que, aunque frágil, era también una promesa de vida. La luz suave que entraba por la ventana dibujaba líneas tenues sobre las paredes, otorgando una sensación de resguardo, casi como si el mundo exterior hubiera deci