El avión privado descendía con elegancia sobre la pista de Jeju mientras el cielo se teñía de tonos dorados y rosados, como si el amanecer quisiera dar la bienvenida a algo más que simples pasajeros. En la cabina, el silencio era denso, cargado de pensamientos que ninguno de los dos se atrevía a pronunciar. Helen observaba por la ventanilla con los ojos ligeramente vidriosos, su respiración pausada, pero su corazón latiendo con una intensidad que le oprimía el pecho. Cada metro que el avión des