La habitación de Helen había recuperado cierta calma.
No una calma completa… no una paz absoluta.
Pero sí ese silencio que llega después de una tormenta.
Las máquinas seguían emitiendo sus sonidos constantes, el aire mantenía ese aroma clínico que parecía adherirse a todo, y su cuerpo… aún le recordaba, con cada leve movimiento, que había estado al borde.
Pero su mente…
Ya no estaba allí.
Ya no en el accidente.
Ya no en el dolor.
Estaba en otra parte.
En otros nombres.
En otros latido