Isabella Romano.
Los días posteriores a esa noche fueron como vivir en un sueño.
Durante el día, cuidaba de Luca y veía como Luca se acercaba más a Salvatore, queriendo pasar más tiempo con él y siempre yendo detrás de él, para después en la noche, una simple conversación nos llevaba a mí y Salvatore sumergirnos en una nube de placer.
Había complicidad en nuestras miradas o cada toque, una complicidad que me hacía recordar a los viejos tiempos.
Pero nada era para siempre.
Y lo supe en el momento que oí aquellos tacones caminar por la entrada del piso mientras le daba de comer a Luca.
Salvatore levantó la mirada de sus documentos y yo cargo a mi hijo en mis brazos mientras veía como Giulia entraba a la sala con una sonrisa de superioridad.
—¿Qué haces acá, Giulia? Sabes perfectamente que no puedes venir al penthouse—habla Salvatore acercándose.
—Llevo días queriendo hablar contigo—habla Giulia y fija su mirada en mi—. Isabella, veo que sigues disfrutando de mis migajas.
—Cuida