Isabella Romano.
Una fuerte luz en mi rostro, me hizo abrir mis ojos, pero al hacerlo me arrepentí de inmediato. Alguien había dejado las cortinas mal cerradas y provocó que la luz solar se infiltró en la habitación.
Llevo mi mano hacia mi sien, sintiendo el constante palpitar de ella. Un dolor insoportable que conocía muy bien. Gemi ligeramente por el dolor y me recrimino mentalmente por beber tanto.
Miro a mi alrededor y me encuentro en mi habitación. Frunzo el ceño confusa, ¿En qué moment