A la mañana siguiente, el salón del consejo estaba cargado de tensión.
El aire era pesado, lleno de miradas calculadas y palabras medidas, pero el descontento era evidente. Edrion permanecía de pie frente a ellos, imponente como siempre, aunque esta vez había algo distinto en su expresión, algo más oscuro, más contenido.
—¿No fue consumado? —preguntó uno de los consejeros, incapaz de ocultar su sorpresa.
El murmullo no tardó en extenderse por la sala.
—Es inaceptable —añadió otro—. Después de l