La sala del consejo real estaba revestida de piedra oscura y tapices antiguos que narraban conquistas pasadas. Allí no había risas suaves ni perfumes dulces, solo el murmullo bajo de hombres que medían sus palabras con cuidado.
El rey Edrion Vaelmont ocupaba la cabecera de la mesa larga, el mentón apoyado apenas en su mano, la mirada distante pero atenta. Su cabello blanco caía con orden severo sobre su frente, y sus ojos azules recorrían el salón sin revelar emoción alguna.
Uno de los co