El viaje comenzó al amanecer, cuando el cielo apenas se teñía de luz y el mundo parecía suspendido en un silencio frágil que duraba solo unos instantes antes de romperse. El carruaje avanzaba con un ritmo constante sobre el camino, acompañado por el sonido firme de los caballos y el crujir leve de la madera, y dentro de él el aire se sentía distinto, más denso, como si algo invisible se hubiera instalado entre ellos.
Lyria mantenía la mirada fija en la ventana, observando cómo los campos se e