El silencio que siguió a la acusación no fue vacío, sino denso, cargado de una tensión que parecía presionar contra las paredes del salón. Nadie se movió. Nadie respiró más de lo necesario. Todo el poder del reino estaba contenido en ese instante.
El hombre dio un paso al frente sin inclinarse más de lo estrictamente necesario y sostuvo la mirada de Edrion con una firmeza que no pedía permiso.
—Vengo a reclamar la vida de mi nieto.
No hubo rodeos ni respeto en su tono, solo una exigencia direct